Cuaderno de bitácora escrito por Fran Gómez. Instructor de submarinismo de la escuela y centro de buceo Piscis Diving en Sant Feliu de Guíxols. Buceador enamorado de la vida submarina. Educador y concienciador en escuelas, institutos y universidades. Activista, allí donde esté, de la protección del medio marino.

sábado, 19 de marzo de 2011

Nacer Buceador

Apenas sabía nadar, cuando cayó en mis manos mi primera máscara de buceo. Aquello fue como un renacer, yo tenía nueve años y en las emisoras locales sonaba ese verano Miguel Ríos, con el "Rock de una Noche de Verano". Aquel mundo que se abría ante mis ojos me pareció tan maravilloso que hice lo imposible por aguantar a un  niño repelente, propietario de la mascara maravillosa,  aquel muchachito lo único que sabía enseñarme era cómo arrancarle las patas a los cangrejos para ver como su agonía se prolongaba durante horas. Mi corazón, en aquella época, era ya tan sensible como ahora y la pena que me producía me hacía retorcer en la colchoneta de aquel camping gallego ¿Cómo puede alguien hacer sufrir a un animal, sólo por el gusto de ver su reacción?
 
Los días iban pasando y aquella máscara de buceo ya se había amoldado a aquella cara asmática, marcada por una asfixia incesante que no me dejaba vivir. Aún y así, cada pez que descubría, cada ser que me iluminaba con su presencia, me hacía sentir más vivo que nunca. Mi madre decía: "Fran, sal ya del agua que estás temblando" Y yo le respondía enseguida: "Mami, no te preocupes, son los nervios, ¡no tengo frío!"
 
Poco después, conocí a uno de mis grandes amores, su mirada azul lo llenaba todo, su presencia era cálida, limpia y clara, y me vislumbraba con cada una de sus lágrimas saladas. Su olor a sandía me hipnotizaba. Era la mar mediterránea. Dondequiera que fuera, ahí estaba, llena de vida. Sus rocas estaban pobladas de mejillones, grandes como puños. Peces de todos los tamaños acudían a mi encuentro, se quedaban tan asombrados como yo al verlos, algunos me seguían mientras hacía snorkeling. Mi esquina preferida, esa que tiene todo buceador, rebosaba vida, era un paraíso y, todo eso, a cien kilómetros de Barcelona, Sant Feliu de Guixols.
 
Poco después y tras mucho esfuerzo, conseguí que mi madre me dejara hacerme submarinista. ¡Imagínate, yo submarinista! Un asmático que pasó más tiempo en hospitales que en el colegio. No me preguntéis cómo, pero conseguí engañar a mi madre y ella, pobrecita mía, me dejó aventurarme en lo que hoy en día es mi vida y mi pasión, lo que hace que mi corazón lata con más fuerza que nunca, lo que hace que a pesar de mi asfixia me levante por la mañana y siga luchando. Eso y mi amor a la Madre Tierra hacen que agradezca cada día el estar vivo, el estar aquí.
 
Los años fueron pasando y aquellos lugares donde vi nacer, una y otra vez la misma escena, fueron desapareciendo. Ya no quedaban ni siquiera los mejillones de roca que tapizaban como alfombras persas cada rincón de mi queridísimo Sant Feliu de Guíxols. Entonces mi decisión, en el año 2000, fue tajante ¡Esto se tiene que proteger! El cómo, no lo sabía, pero lo que sí sabía era que o se hacía algo o, todo aquello de lo que estaba enamorado hasta las trancas desaparecería. Entonces monté PISCIS DIVING, ya ves, un chaval de Mollet del Vallés, del barrio sin madre, un lugar donde la única esperanza de vida era el olor del café de las fábricas y contaminarme los pulmones con las factorías químicas de los alrededores. El proyecto era ambicioso, pero después de haber sobrevivido a tantos ataques de asma, a qué le podía tener miedo yo, a nada.
 
La batalla pacífica, siempre de la mano de mis dos grandes héroes Vicente Ferrer y Gandhi, empezó a construir un sueño de esperanza hacia este reino animal. Los buceos me mostraban, más de cerca, lo que este ser humano, ignorante ante la riqueza de su biodiversidad, era capaz de hacer. Llegó la pesca de arrastre y esto aceleró la tragedia. Donde antes se podían ver veinte puestas de calamar activas, ahora sólo llegaban un par de ellos. Calamares de Sant Feliu, calamares de más de medio metro, curiosos como siempre, curiosos como la primera vez que los vi.
 
Apenas tenía veinte años, descendía suavemente, pues la compensación a causa de mi alergia estaba siendo durísima, el agua estaba fría, era febrero, y ya habíamos bajado veinte metros cuando en el fondo vi la silueta ondulante de algo que no conseguía distinguir. El reflejo de sus ojos junto a su tamaño me asustaba por momentos. Ingrávidos en el fondo y entrándome agua por el cuello del traje, olvidé por un momento el terrible frío que estaba pasando y, como si fuera el mismísimo Tom Cruise en la película Misión Imposible, llegué al fondo y conseguí posarme en él sin levantar sedimento alguno. Recogí mis brazos, en parte para no asustar a aquellos seres que desde la distancia observaban mis movimientos, alerta de no ser devorados por aquel hombre rana, que nervioso, no paraba de escupir burbujas, una y otra vez, a través de su regulador.
 
De repente, uno de ellos abandonó el grupo y vino hacia mí. Su ojo era del tamaño de una pelota de pin pon, noté como nuestras miradas se encontraban. Yo le dije que no iba a hacerle ningún daño, que sólo quería ver lo que estaban haciendo, a lo que éste no dudó y, como si me hubiera entendido, le hizo una señal con sus tentáculos a otro calamar que tenía al lado y éste, se deslizó hacia el fondo y empezó a poner sus huevos. La paz del momento sólo se vio alterada por las burbujas de mi regulador y los suspiros de emoción que expresaba tras cada exhalación.
 
No había visto nunca semejante imagen en ningún documental del momento. En aquella época, cualquier reportaje podía hipnotizar al espectador con maravillosas imágenes de ese ser y al mismo tiempo, en la siguiente secuencia, mostrar cómo el propio documentalista se comía al mismo animal salvaje, sin ningún tipo de escrúpulos. Gracias a Dios, esto ha cambiado y ahora, esto es visto como un sacrilegio. No tiene sentido, hablamos de animales salvajes, auténticos y únicos.
 
Hoy en día es tan difícil ver una puesta de calamar, que cuando se ve una, la noticia corre por los foros de internet, como si el nuevo mesías hubiera aterrizado en la Tierra con un mensaje que darnos.
 
Qué grandes sois los buz@s, qué sensibilidad hacia el medio, cómo ha cambiado y cómo tiene que seguir cambiando, por los hijos de los hijos de nuestros hijos. AMÉN.
 
¡¡¡Reserva Marina Ya!!!
 
Fran
 
 Av. El Fortim
 
(Ed. Antiguo Club Náutico)
 
17220 St. Feliu de Guíxols
 
Tel: 972.32.69.58
 
Mob.: 617.88.54.54
 

jUGANDONOS LA VIDA UNA VEZ MAS!!!!!

Hola buz@,
 
La mañana amanecía oscura, eran las seis de la mañana, con un café y unas madalenas en el cuerpo, las instrucciones eran precisas, era el gran día del Mar y PISCIS DIVING estaba allí.
 
Buz@s ansios@s de nitrógeno, desde los lugares más remotos de la Península Subacuática, se dirigen hacia Sant Feliu de Guíxols. Preparamos las percusiones, la música suena, hace frío, las carpas están listas, sólo falta decorar un poco, unas fotos de concienciación y las maderas para que los grafitis puedan expresar su repudia hacia la porquería subacuática que decora nuestros fondos marinos. ¡¡¡Patrimonio de la humanidad!!!
 
Enfundados en nuestra parsimonia, dedicamos tiempo y esfuerzo para preparar el acontecimiento. Altavoces de prestado, músicos de locura y dj's de fantasía van llegando y colocando sus herramientas de trabajo. La percusión no para de sonar, la tribu se reúne, sus pasos son al son del jambé. Los equipos de buceo se ensamblan. Los buceadores van armados con guantes, tijeras, machetes y, sobre todo, una sonrisa que les corre de oreja a oreja. El ambiente es de paz, con un fondo de música electrónica mezclado con sabor a todos a una.
 
La televisión llega, los buz@s insisten en colaborar. Unos y otros dejamos el espacio preparado para la descarga de objetos. Objetos que son como verdugos en el fondo del mar, ejecutando a cada ser vivo que se encuentre en su perímetro, al mismo tiempo que dan cobijo a todo tipo de vida, alguna esponja, cangrejos ermitaños, algas... También restos de palangres, redes y nansas son parte de este biotopo de porquería.
Es una verdadera pena que el fondo de nuestros mares se encuentre así de sucio, es como si fuéramos por la montaña y viésemos un vertedero ilegal.
 
¡Este mundo es injusto! Nos hemos convertido en una especie consumista que trabaja 5 días a la semana para tener un montón de objetos inertes en el fondo de un armario. Desconectados completamente de la naturaleza, siguen siendo más importantes un puñado de puestos de trabajo que nuestra naturaleza.
 
 
 
¡Esto está que peta! El mar no soporta más redes a la deriva, líneas de anzuelos de miles de quilómetros, en busca de animales salvajes al borde de la extinción. Y mientras tanto, un montón de buzos limpian los fondos y encuentran una moto. Entre los agujeros del motor que perdió hace tiempo su sangre envenenada, viscosa y negra, un pulpo asoma los tentáculos. Pasamos unos cabos, damos el aire justo al globo de ascenso y lo acompañamos suavemente hasta la superficie. Mirándonos atentamente, el equipo de apoyo iza la moto con cuidado para no aplastar a ningún ser vivo que aún se encuentre entre aquel matojo de hierros oxidados. ¡Madre mía! ¡Qué paliza la moto! ¡Cómo pesa! ¡Va a romper el neumático de la embarcación! Para colmo, un bloque de cemento la hace más pesada. Seguro que  tenemos que cortar ese muerto antes de que muramos del sobreesfuerzo. Mi machete hace los honores y el trasto-moto es izado como bandera de la limpieza de fondos del 2010.
La foto saldrá en los periódicos, la televisión la inmortalizará en sus canales 24 horas. El mensaje queda claro, el objetivo de la tribu, que cubierto con heces rescatadas del fondo del mar a muchos metros de profundidad, jugándonos la vida una y otra vez, es sacar los restos de esta guerra silenciosa y ciega que lidiamos en nuestra mediterránea.
 
¡Pero qué guarro que es este homo economicus! Plomos de pesca de toda la vida contaminan veinte mil litros de agua ¡El fondo está minado! Bombas anti-sistema submarino, son centenares las que son desactivadas por los buz@s. Minas de contaminación de desesperación. Ver cómo se acaba todo, es una tragedia.
 
El fondo cae suavemente, las rocas tiene un juego de sombras que hipnotiza, la luz es suave, son las cuatro de la tarde y los rayos de sol cortan la superficie, los peces aletargados forman bancos de reflejos inmóviles. En el fondo, me llama la atención uno de aquellos brillos, éste no se mueve, mi curiosidad me hace descender hasta los 30 metros de profundidad, mi corazón empieza a alterarse, la respiración se acelera, aquel lugar, que hace días habíamos limpiado, estaba ahora cubierto con una red llena de seres salvajes, podridos, blanquecinos, con los ojos blancos, rígidos.
 
Me convierto en un moñigo de carne con aletas, escondo mi equipo al máximo, recojo mis reguladores, consola y demás colgajos. No quiero quedarme enganchado en semejante maraña mortífera. La inmersión de los horrores me desvela hasta donde hemos llegado a destruir. Es espantoso lo que un descuido humano puede llegar a matar, un montón de vidas gratuitas a cambio de unos cuantos euros.
La orden es clara, estamos preparados para empezar a desparasitar Port Salví. Una vez más, unos cuantos hombres rana se la juegan a vida o muerte con aquella red mortífera. Con sumo cuidado, se prepara lo que será la primera de varias inmersiones de rescate de aquel ser, oasis de vida singular y frágil.
 
El día fue de locura, la limpieza submarina fue todo un éxito, aunque todavía nos queda porquería para unas cuantas inmersiones. El grupo de rock, Por de Pronto, cargó de muy buenas energías el ambiente de aquel sueño de PISCIS  DIVING, donde se reunieron buz@s, con un bocadillo, un refresco y muchas ganas. ¡¡El fondo marino de Sant Feliu de Guíxols ha quedado niquelaoooo!!
 
A las 19:00 h, después de haber cerrado el día con la limpieza submarina, tuve una recepción con el grupo PEW. El pica-pica, ni lo probé, pero intenté que aquellos científicos se fijaran en nuestras maravillas subacuáticas y nos dieran apoyo con su voz. Así, nuestro grito se oiría no sólo en un rinconcito de este planeta sino que llegaría a los oídos de los que aprueban las reservas marinas.
 
Entre todos lo vamos a conseguir, no hay otra opción. ¡Protejamos nuestra maravilla natural, la Costa Brava!
 
¡¡¡¡Reserva Marina Ya!!!!
 
 
Buen buceo Buz@s
 
Fran 
 
 Av. El Fortim
 
(Ed. Antiguo Club Náutico)
 
17220 St. Feliu de Guíxols
 
Tel: 972.32.69.58
 
Mob.: 617.88.54.54